APRENDER de las ESCUELAS
La Escuela N° 98 «Petrona Maidana de Vergara» está ubicada en Cerro Azul, una ciudad del sudoeste misionero de 5.800 habitantes caracterizada por su producción de durazno. Allí, el 15% de los hogares poseen al menos un indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas y el 4% de la población es analfabeta.
Fue fundada por los inmigrantes de ascendencia germana que poblaron por primera vez la ciudad de Cerro Azul. En sus primeros años, la directora dictaba clases en un galpón a unos 40 alumnos. Al tiempo, cuando comenzó a diversificarse la procedencia de los inmigrantes que llegaban a la zona (comenzaron a venir brasileños, paraguayos, españoles, entre otros), apareció la necesidad de tener una escuela de lengua castellana. Con el Plan Quinquenal de los años 50, la escuela se trasladó al edificio donde funciona hoy, con 452 alumnos distribuidos en dos turnos.
Los edificios de la escuela ocupan toda una manzana. El edificio principal, donde funciona la Escuela 98 propiamente dicha, cuenta con 11 aulas: 10 contempladas en el edificio desde su construcción, y una gestionada por la actual directora construida en un sector que anteriormente funcionaba como escenario. También posee una biblioteca y una sala de informática. Existen también edificios “anexos”, que albergan un Núcleo Educativo de Nivel Inicial (NENI) y una escuela especial, con los cuales la escuela mantiene estrechas relaciones de colaboración y articulación.
Al haber sido la única escuela primaria del pueblo (hasta algunos años), atiende a una población muy heterogénea en términos socioeconómicos. “Tenemos desde el hijo del médico, pasó el hijo del ministro, pasando por hijos de empleados de aserraderos, de empleados municipales, hasta los más pobres”, cuenta la directora.
En la escuela se percibe un clima de entusiasmo generalizado. Los chicos corren a las aulas cuando suena el timbre e incluso tardan en salir al recreo cuando termina la hora. Los alumnos de séptimo muestran gratitud y nostalgia por la escuela que están por dejar, en poemas de su propia autoría que recitan con orgullo ante el equipo investigador.
Sin aplicar ningún tipo de selección en el ingreso ni en el transcurso de la trayectoria escolar de los alumnos, la escuela logra garantizar buenos aprendizajes: la gran mayoría de sus alumnos continúa con éxito sus estudios en el nivel secundario.
A la hora de hablar de las fortalezas de la escuela, todos sus miembros coinciden en señalar al equipo docente que sostiene el proyecto educativo. Se trata de un plantel de 22 maestros de grado, 2 maestros comunitarios (incorporados gracias al programa de Centros de Actividades Infantiles, CAI), 3 maestros de materias especiales, dos vicedirectoras y una directora. Un equipo cuyo promedio de antigüedad en la escuela es de más de 10 años, y que es descrito y se describe a sí mismo como muy comprometido con su tarea educadora. Es este compromiso e involucramiento el que los estudios de efectividad escolar caracterizan como uno de los principales factores de éxito escolar. Sin necesidad de remitirse a esta literatura, la misma directora de la escuela así lo reconoce. Al ser preguntada sobre las principales fortalezas de su escuela, Beatriz no duda en responder que tiene que ver con que “gran parte de los maestros son titulares y son de la zona. Son maestros comprometidos y muy identificados con la escuela: la mayoría hizo acá mismo la primaria.” Y agrega que “los maestros no faltan, no piden licencias, salvo en ocasiones extremas”, consciente de la importancia de la presencia diaria de los maestros para el aprendizaje de sus alumnos. Esto les permite dar continuidad a la propuesta pedagógica y abrazar cada uno de los proyectos con entusiasmo.
Este compromiso se ancla en el fuerte liderazgo de la directora, cuya preocupación por los aprendizajes se traduce en una rutina de seguimiento de los resultados del Proyecto Educativo Institucional en reuniones con el equipo docente. Allí se miran métricas que la propia dirección construye para contribuir con el análisis del progreso de la escuela. Entre otras cifras, la directora propone analizar el porcentaje de alumnos de cada ciclo que no aprobaron cada una de las principales áreas curriculares, así como el porcentaje de cobertura del currículum alcanzado en cada uno de los trimestres. Este tipo de análisis, que reflejan un gran sentido de la responsabilidad profesional por parte del director para con el éxito de sus alumnos, suelen ser característicos de las escuelas que logran aprendizajes con inclusión para todos sus alumnos, según lo destacan estudios sobre el tema (véase la sección Investigaciones que nos inspiran).
Algo de este compromiso y profesionalismo se ve reflejado en el hecho de que, para poder estar todos, las reuniones de coordinación pedagógica y de trabajo con el Proyecto Educativo Institucional se organizan muy temprano, antes de que comience la jornada escolar: “a veces les pido que vengan a las 7 de la mañana. Vemos las actividades, repasamos las problemáticas y vemos cómo podemos actuar para solucionarlas. Lo hacemos una vez por mes,” cuenta la directora. Estos relatos dan cuenta de que en la escuela se respira un aire de trabajo en equipo, involucramiento y productividad, que constituye el principal motor de todas sus acciones y logros.
Además de comprometido y estable, el equipo docente es muy unido. El buen clima de trabajo que se da en la escuela y el hecho de que muchos tienen entre sí relaciones de parentesco o de vecindad contribuyen a esto. “Con ella (por la vicedirectora) somos comadres. Y acá las que no son comadres son vecinas. Hablamos de la escuela hasta cuando nos encontramos en el supermercado,” comenta la directora.
Entre las múltiples cuestiones sobre las que se conversa en estas reuniones sobresale la lectoescritura. Como equipo, vienen focalizándose hace varios años en la alfabetización inicial y avanzada, convencidos de su importancia para el desempeño de los alumnos en los siguientes niveles educativos y en el mundo del trabajo. Desde que reciben los recursos del Programa Integral por la Igualdad Educativa (PIIE), todos los años diseñan e implementan proyectos para trabajar sobre ella, así como sobre la expresión oral. En 2014, el proyecto “Leer para soñar y transformar” instala un taller de lectura en cada uno de los grados del primer ciclo, y la enseñanza de técnicas de estudio (que se entienden como estrategias avanzadas de lectura y escritura) en el segundo ciclo. Varios de los testimonios de los alumnos de séptimo dan cuenta de la relevancia de este trabajo en sus respuestas a la pregunta por qué aprendieron a lo largo de su paso por la escuela: “Aprendí técnicas de estudio, historia argentina, a compartir y a agradecer todo”, explica uno de ellos. Otro compañero coincide y expresa que “lo que siento que aprendí durante todos estos años fue a compartir, a trabajar en grupo, a estudiar con técnicas de estudio”. Las producciones de los alumnos del último año dan cuenta del trabajo que realiza la escuela en este sentido: los alumnos escriben oraciones completas y complejas y, en la mayoría de los casos, la redacción es clara y correcta. También la revisión de las carpetas de los alumnos de 7mo año permite observar el trabajo intenso que se realiza en esta dirección: han elaborado resúmenes, mapas conceptuales, cuadros sinópticos, ejercitado la toma de notas al margen, entre otras técnicas.
El análisis del rendimiento de los alumnos en lectoescritura durante la última reunión de trabajo entre docentes permitió ver que este esfuerzo dio sus frutos: entre las cuatro áreas curriculares básicas (lengua, matemática, ciencias sociales y ciencias naturales), el menor porcentaje de desaprobados (al segundo trimestre) en el segundo ciclo se registra en el área de Lengua, con el 13%.
Otro de los fuertes de la escuela son sus proyectos institucionales. Entre todos los miembros de la comunidad escolar llevan a cabo proyectos institucionales transversales a las áreas curriculares básicas, que permiten ofrecer a los alumnos experiencias de aprendizaje distintas a las de las clases tradicionales, así como trabajar temas de gran sentido para ellos. A través de ellos, por ejemplo, los alumnos trabajan en la confección del periódico escolar “Notiescuela”, en la producción y puesta en aire de una radio escolar, estudian ciencia a través de la cocina, observan el cielo a través de una estación meteorológica que está instalada en el patio exterior de la escuela, y aprenden sobre buena alimentación implementando un kiosco saludable una vez a la semana.
Estos proyectos están documentados en el Proyecto Educativo Institucional y en los registros que la escuela elabora para la supervisión regularmente. Pero los testimonios de los alumnos demuestran que estos proyectos no se quedan solo en los papeles e impactan significativamente en su experiencia escolar. De los 24 alumnos de 7mo grado que respondieron a una encuesta sobre qué es lo que más les gusta de su escuela, fueron solo 7 los que no mencionaron ninguno de los proyectos institucionales. En sus respuestas, la mayoría de los chicos destaca la posibilidad que estos proyectos les brindan de trabajar en equipo y de divertirse. También hablan del carácter “distinto” de las actividades que realizan en el marco de esos proyectos. Así, los proyectos institucionales ofrecen experiencias de aprendizaje que complementan las clases tradicionales, donde los alumnos pueden poner en juego su creatividad y dar curso a su expresión oral, escrita y artística.
“Me gustan (los proyectos institucionales) porque nos ayudan a expresarnos, a interactuar con los compañeros, aprendemos cosas nuevas y principalmente ¡es divertido! En esos momentos podemos bromear, opinar, jugar y mucho más.” (Alumno de 7mo)
El despliegue de recursos y esfuerzo puestos en juego en cada proyecto, sumado a la recepción positiva que tienen por parte de los alumnos, da cuenta de un buen aprovechamiento por parte de la escuela de los diversos programas educativos que recibe. El caudal de recursos materiales y financieros que significan programas como el PIIE y el proyecto “Leer con todos” es puesto al servicio de la creatividad de los proyectos que ofrecerán experiencias de aprendizaje significativas a los alumnos.
La Escuela N° 98 demuestra una especial preocupación por apoyar a los alumnos con mayores dificultades. “El gran problema que teníamos, nuestra gran debilidad, era que necesitábamos maestros de apoyo, y se nos dio,” explica la vicedirectora. Desde mediados de este año, trabajan en la escuela dos maestros comunitarios que concurren a la escuela 3 veces por semana y dan clases de apoyo a estos alumnos en el contraturno. “Los chicos más quedados logran avanzar, quizás un poco más lento, con ayuda. Si los dejás solos, directamente no hacen las cosas. Pero estando al lado, viendo que hay otro comprometido con su avance, ellos trabajan,” explica una de las maestras. Este esquema de apoyo escolar permite a la escuela realizar un seguimiento más personalizado de sus alumnos, y lograr que la repitencia solo termine dándose en los casos extremos de aquellos alumnos que, tras mucha insistencia, no asisten al período de recuperación ni a los exámenes. A su vez, como se explica más abajo, constituyó un eje de articulación con las familias que le permitió a la escuela aceitar aún más sus vínculos con los padres de los chicos.
La incorporación de maestros de apoyo vino de la mano de la implementación del programa de Centros de Actividades Infantiles (CAI) en la escuela. A través de este programa, la escuela ofrece apoyo escolar y talleres de danzas, educación física, teatro, entre otras actividades, los días sábados para alumnos de la escuela y de la comunidad. Si bien los días sábados el CAI está a cargo de personal del programa que no pertenece a la escuela, las maestras y directoras suelen concurrir al espacio para compartir actividades con los chicos y para hacer un seguimiento, aunque informal, del progreso de aquellos que reciben apoyo.
Para llevar adelante con éxito el proyecto de apoyo escolar, la escuela contó con el acompañamiento de las familias de los alumnos, que deben modificar sus horarios para poder llevar y traer a los chicos a y de la escuela en horario del contraturno para que reciban clases de apoyo. “El compromiso de los padres es increíble. Esos papás fueron alumnos de esta escuela y siempre les enseñamos que las 4 horas de clase tienen que ser complementadas desde la casa. Creo que eso le llegó a esta nueva generación de papás. Hay un cambio de mentalidad. Todos quieren que sus hijos vayan a la secundaria,” relata la directora. En los casos en los que esto no era posible para las familias, la escuela se organizó para que los alumnos recibieran apoyo durante el mismo turno en el que cursan, durante las horas de las materias en las que presentan menos dificultades.
Gran parte de la buena relación que la escuela tiene con las familias tiene que ver con que el pueblo de Cerro Azul es pequeño y el contacto de los docentes y directivos con las familias es constante y tiene lugar más allá de los muros de la escuela: “Si tenemos un problema, no solo los visitamos, sino que también los vemos en la calle, los llamamos. O vamos a la casa, o lo encuentro al papá en el supermercado. Eso facilita mucho la comunicación con las familias,” explica la vicedirectora. Esta cercanía se traduce en un compromiso por parte de las familias que se renueva en cada una de las propuestas que la escuela les acerca. Así, la escuela logra un involucramiento productivo que ameniza la tarea pedagógica.
Otra de las cuestiones que refuerza el vínculo entre la escuela y las familias es el protagonismo que ésta tiene en la vida social del pueblo. Cuando visitamos la escuela se acercaba la Fiesta del Durazno, el festejo más importante del año para Cerro Azul, y la escuela era la encargada de preparar las coreografías que entretendrían al público en el fin de semana. “Todo gira en torno a la escuela. Somos el centro. Tiene que ver con que la población es chica. Tiene que ver con que somos la única entidad que aglutina,” explica la vicedirectora. A través de este rol protagónico, la escuela se ha hecho de un capital social importante, que logra explotar en favor del aprendizaje de sus alumnos: convocan médicos del hospital para charlas sobre nutrición y educación sexual, entrevistan personal del INTA para los programas de la radio escolar y reciben ayuda de la gendarmería cuando la necesitan.
El compromiso del equipo docente y directivo, la disponibilidad de recursos materiales y didácticos, la especial preocupación por la alfabetización (inicial y avanzada) y un clima de trabajo amigable y productivo se conjugan en esta escuela para brindar a los niños y niñas de Cerro Azul experiencias de aprendizaje y socialización significativas y necesarias para continuar con éxito los estudios en el nivel secundario. Así, la Escuela N° 98 contribuye a la construcción de una sociedad más justa en la provincia de Misiones.